Tras el paso de Ultrapuertos, dejando los Pirineos atrás, Orreaga-Roncesvalles significa para el caminante la puerta del último tramo del Camino, a pesar de que todavía restan más de 700 kilómetros para la meta. Los peregrinos lo consideran el segundo punto principal del Camino de Santiago, detrás de la catedral compostelana, debido a la fuerza histórica y simbólica del conjunto artístico de la localidad.


Roncesvalles
y el Camino


Roncesvalles y el Camino Jacobeo

Los orígenes del Camino


Si desde principios del siglo IX empieza a desarrollarse el culto a Santiago y la veneración de sus restos, no sabemos exactamente desde cuándo dan comienzo las peregrinaciones. Hay indicios que relacionan el entorno de Orreaga-Roncesvalles con el mundo gallego y asturiano desde épocas muy tempranas, desde el propio siglo IX, aunque no sería hasta principios del siglo X, una vez que pudo triunfar y consolidarse una monarquía cristiana y con plena conciencia de su ser en las cuencas pre-pirenaicas, cuando el tránsito de peregrinos se haría más seguro.

Pese a que en ocasiones se ha atribuido a Sancho III el Mayor (1004-1035) la consolidación y el «nuevo trazado» del Camino, fue sin duda Sancho Garcés I (905-925) quien aseguró el trazado jacobeo que discurre por la vieja calzada romana hasta Pamplona, y de allí a Nájera, para continuar hacia el oeste y culminar en Compostela.


En primer plano, los restos arqueológicos del supuesto primer hospital de la Colegiata.
Los primeros hospitales

Los peregrinos necesitaban, sobre todo, un lugar de reposo después de la complicada subida de los puertos pirenaicos. Por eso, no es de extrañar que desde el siglo XI hubiera en lo alto de Ibañeta un pequeño monasterio-hospital dedicado a San Salvador, y cuya atención estaba confiada al monasterio de Leire.

Sin embargo, como el empuje del fenómeno jacabeo adquiría mayores proporciones y no parecía lógico que la cabeza de la Iglesia navarra, el obispo de Pamplona, permaneciera al margen de la asistencia en la entrada de los caminantes en su diócesis, en 1127 el obispo Sancho de Larrosa decidió crear una cofradía de laicos y eclesiásticos que atendiera un nuevo albergue en las cercanías de Orreaga-Roncesvalles.

Tampoco la cofradía fue suficiente y en 1135 una colegiata de canónigos, presidida por el Prior Sancho , estaba al frente de hospital. El obispo fundador le dio sus rentas en los valles cercanos, como base de un espacio económico y social -el dominio- que, con el tiempo, cruzaría las fronteras del reino. En 1137 el papa Honorio II confirmó la constitución del Cabildo y la primera dotación; el trámite final estaba dado.


El Liber Sancti Jacobi


Uno de los factores esenciales en la propagación del culto a Santiago, en plena época de las Cruzadas -lo que podía haber distraído poderosamente la atención hacia otros focos de peregrinación como Roma o Jerusalén-, fue el famoso «Liber Sancti Jacobi», escrito en 1140 sin duda por un peregrino francés.

El Liber constituye un testimonio directo de la peregrinación medieval y reúne buena parte de los distintos relatos relacionados con la tradición jacobea, aparte de otros textos litúrgicos y religiosos. Al mismo tiempo incluye una célebre Guía del Peregrino Medieval, posiblemente escrita por Aymerico Picaud, cuyo contenido, mil veces leído y contado, describe la ruta con la evidente experiencia de quien lo ha recorrido seguramente más de una vez. Buen conocedor de las tierras navarras, a las que dedica no pocos detalles concretos, no pierde ocasión, todo hay que decirlo, de demostrar su poca simpatía a las gentes de la tierra, y a un paisaje que presenta como inhóspito y cerrado.

Es famoso también el «Poema de Roncesvalles» o «Chanson de Roland», inscrito en el códice de «La Pretiosa» del siglo XIII que, hablando de las condiciones de acogida en el albergue, da una visión bien distinta a la de Aymerico Picaud. Contaban que la puerta estaba abierta a paganos y cristianos, ricos y pobres sin distinción alguna. Los caminantes recibían un baño y se les arreglaba el calzado. Los enfermos recibían los mejores cuidados con los productos de mayor calidad, y se podía descansar en lechos limpios y blandos, atendidos por bellas y honestas mujeres. El hospital ofrecía hasta cinco comidas compuestas por pan, vino y carne, y daba a los caminantes tres noches de albergue como mínimo.


Interior de la Capilla de Santiago.
Santiago en Roncesvalles

Tras el paso de Ultrapuertos, dejando los Pirineos atrás, Orreaga-Roncesvalles significa para el caminante la puerta del último tramo del Camino, a pesar de que todavía restan más de 700 kilómetros para la meta. Los peregrinos lo consideran el segundo punto principal del Camino de Santiago, detrás de la catedral compostelana debido a la fuerza histórica y simbólica del conjunto artístico de la localidad.

La pequeña y sencilla capilla gótica localizada junto al Silo de Carlomagno constituye el único edificio que rememora el culto a Santiago, que es, junto al mundo Carolingio, el argumento esencial de Orreaga-Roncesvalles.



Roncesvalles
y el Camino