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Roncesvalles
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LA FIGURA DE SANTIAGO



Talla del santo en la Capilla de Santiago.
Santiago, uno de los doce apóstoles, murió martirizado en Jerusalén hacia el año 44 de nuestra era. Cinco o seis siglos después empezarían a circular por toda la cristiandad diversos relatos, transmitidos de generación en generación, sobre su predicación en tierras de Hispania, en los confines del mundo occidental.

Cuenta la tradición que el cuerpo del apóstol martirizado fue puesto por sus discípulos en una barca de piedra sin patrón y que ésta atravesó el Mediterráneo, contorneó la Península y recaló finalmente en las costas gallegas, donde el cadáver fue enterrado en secreto, en medio de las persecuciones.

En el año 829, durante el reinado de Alfonso II de Asturias, el obispo Teodomiro descubrió, de hecho, un sepulcro que identificó con el de Santiago y que muy pronto fue reconocido como tal en los confines más recónditos de la cristiandad.

Lo asombroso del relato, la falta de noticias clarificadoras en las fuentes orientales, y los interrogantes que plantea la cuestión, entrañan una serie de dificultades que han preocupado a los investigadores, atentos a la verificación histórica de una tradición milenaria. Pero de lo que no cabe duda es de que Europa entera se puso rápidamente en marcha, camino de Compostela, a venerar y postrarse ante los restos de uno de los apóstoles, es decir, de quien había recibido el mensaje de la Revelación directamente del mismo Jesucristo; sólo Jerusalén y Roma albergaban reliquias de semejante calibre.

"Peregrino es el que va a Compostela", y la peregrinación comporta andar un largo camino de sacrificios y estrecheces en los que el caminante hace un ejercicio de reflexión, penitencia, encuentro personal y oración que culmina en el Monte del Gozo, ante la vista de Santiago.