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Roncesvalles
Roncesvalles
 

SIGLOS XX-XXI

Del resurgimiento a la actualidad


Dos peregrinos marchan provistos de los tradicionales bastones de los caminentes.


El año 1983 supuso la apertura de un nuevo capítulo en la historia de Roncesvalles. Tras un largo proceso iniciado en 1979, el Cabildo regular se transformó en un Cabildo secular, compuesto de canónigos sacerdotes con las mismas normas que el resto del clero diocesano. El objetivo de este cambio era consolidar la vida eclesiástica en Orreaga-Roncesvalles, que desde hacía unos años sufría una cierta debilidad. El Cabildo está compuesto ahora por sacerdotes encargados de atender a las parroquias de los pueblos cercanos y que residen habitualmente en la propia Colegiata o en esas localidades de las que están encargados.

Las Asociaciones de Amigos del Camino, entre las que las navarras fueron pioneras, iniciaron un proceso de recuperación del movimiento jacobeo que fue apoyado tanto por instancias civiles como eclesiásticas. La culminación de estos esfuerzos fue sin duda el Año Santo Compostelano (1993) en el que una gran marea de peregrinos caminó a Santiago de Compostela. Este auge del Camino de Santiago, que revitalizó la vida de la Colegiata, se plasmó, entre otras cosas, en la apertura en la Casa Prioral de una oficina de atención al peregrino.

A parte de ser punto de entrada en Navarra de los peregrinos, la Colegiata se ha convertido en el centro y punto de partida de diversos itinerarios de carácter cultural y naturalístico por las comarcas pirenaicas cercanas.

El mantenimiento de Roncesvalles procede básicamente de los ingresos que se obtienen de las tierras circundantes, de alguna empresa de carácter agrícola-ganadero y de las actividades hosteleras, aunque también se hace necesario para el mantenimiento del complejo histórico-artístico, la actuación de instancias oficiales.

A lo largo de los siglos ha existido en torno a la Virgen de Roncesvalles una fuerte tradición devocional que se ha expresado en numerosas romerías. Todas ellas son celebraciones coloristas y solemnes al mismo tiempo, y están llenas de fervor religioso, por un lado, y de ganas de diversión, por otro. Además, son una manifestación de la vinculación de Roncesvalles con los diversos pueblos, de la solidaridad interna y de la cohesión entre ellos.

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