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Roncesvalles
Roncesvalles
 

SIGLO XIV

Roncesvalles, protagonismo de la vida política


Ajedrez de Carlomagno
(Museo de la Colegiata).


Las disputas con Pamplona quedaron ya zanjadas y se estableció que la sede pamplonesa no podría interferir en el gobierno del Cabildo pirenaico interviniendo en la elección del Prior; sólo sería necesaria la confirmación del obispo y, para la segunda mitad del XIV, ni siquiera eso, sería el Papa quien confirmara la elección. Estas circunstancias marcaron el despegue definitivo de la figura del Prior de Roncesvalles tanto entre el clero navarro como en la vida política del reino.

Precisamente en lo referente a la administración y reparto de los fondos de la Colegiata fue donde, en la primera mitad del siglo XIV, surgieron los roces entre el Prior de Roncesvalles y los demás miembros de su Cabildo, debido a los excesos de la autoridad Prioral, al parecer arbitraria, en la administración del patrimonio.

No fue hasta las puertas del último tercio del siglo XIV cuando se llegaría a una solución definitiva en el conflicto interno del Cabildo: el reconocimiento de la condición canonical de sus miembros. El Prior quedó contento con esta nueva decisión, ya que le otorgaba el poder de administrar las rentas, aunque la comunidad tuviera destinadas unas partidas ya fijas.

Desde finales del siglo XIV, los Priores de la Colegiata se implicaron activamente en la vida política del reino. El rey Carlos III manifestaba unos modos de gestión y gobierno que se apoyaban fundamentalmente en las relaciones personales, la negociación y la diplomacia. Los Priores de Roncesvalles aumentaron considerablemente su poder con la corona desde tiempo de Carlos III, que los utilizó en todas las cuestiones relativas al cisma de la Iglesia, concluido en 1417. Sirvieron luego a la hija, la reina Blanca, como secretarios personales y embajadores, y luego también al príncipe Carlos cuando ejerció la lugartenencia en nombre del rey Juan II.

Desde el último tercio del siglo XIV comenzó a notarse un cierto declive del inmenso patrimonio de la Colegiata. Orreaga-Roncesvalles centraría su atención en gestionar sus bienes navarros ya que el resto de propiedades, debido a distintos conflictos y a la lejanía, se fueron perdiendo. Por primera vez la Colegiata no será ya prestamista y tendrá que pedir préstamos para su solvencia.

Iniciada la guerra civil, tanto Juan II como su hijo intentaron que el Priorato recayera en un miembro del clero adicto a la correspondiente facción de agramonteses o beaumonteses. Con el final de la guerra y la imposibilidad de situar allí a un beaumontés, el Prior de Roncesvalles perdió su preeminente puesto en las Cortes del reino. La resolución salomónica de estas disputas políticas, que dispuso la alternancia de beaumonteses y agramonteses en el Priorato, hizo que para el primer tercio del siglo XVI, la situación de la Colegiata se estabilizara, aunque el aspecto del conjunto debía de ser desolador. Se había llegado a un punto en el que una reforma se hacía indispensable, pero ésta no llegaría hasta la normalización del reino a partir de 1512.

Destaca, entre las piezas llegadas a Orreaga-Roncesvalles en el siglo XV, la llamada Virgen del Tesoro. También de este periodo han permanecido la Virgen de Roncesvalles y el llamado Ajedrez de Carlomagno, un original relicario gótico de la segunda mitad del siglo XIV.

Arquitectónicamente hablando, corresponde a este periodo la torre de la iglesia. Cabe señalar, además, que los dos primeros incendios conocidos de la iglesia suceden en el este siglo, aunque su reconstrucción no se llevó a cabo en este momento.

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