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Roncesvalles
Roncesvalles
 

PREHISTORIA Y EDAD ANTIGUA

Roncesvalles, lugar de paso y camino histórico


Crónlech de Sorogain.


Si los romanos, expertos ingenieros y especialistas en el trazado de una completa red vial por toda Europa, eligieron esta comarca para el paso de la calzada que iba desde las Galias a la parte occidental de la península, la famosa vía "Burdeos-Astorga", sería porque se trataba de un lugar de paso anterior. De ello dan prueba los indicios arqueológicos que han quedado en la zona y que hablan de la entrada de oleadas de población en los tiempos prehistóricos.

El poblamiento del territorio puede remontarse hasta el final del Paleolítico, es decir, hacia el año 10.000 a. de C., en que se cuenta con restos de materiales en zonas cercanas y de fisonomía parecida: la parte más septentrional del Baztán o la Baja Navarra.

Para la época de Bronce y de Hierro los cazadores seminómadas se fueron sedentarizando y tuvieron una presencia más directa en el área de Orreaga-Roncesvalles y los territorios cercanos. En este contexto se pueden explicar la cantidad de restos megalíticos que se encuentran repartidos por la zona. El megalitismo se refiere a la presencia de monumentos funerarios o rituales de piedra esparcidos en plena naturaleza, llamados dólmenes. Los de la zona de Orreaga-Roncesvalles pertenecen a un sub-sector dentro del sector dolménico septentrional de la Península, que recibe el nombre de "Urepel-Ibañeta-Orbaiceta".

Dolmen de Soroluce.


Además de los grupos que permanecían de manera más o menos estable en la zona, hay que tener en cuenta también la influencia de nuevos contingentes que, gracias a la facilidad de paso pirenaico, fueron llegando al área de Orreaga-Roncesvalles. Las llamadas "invasiones celtas" tuvieron una de sus vías de penetración esenciales por esta parte del pirineo. Estos celtas trajeron nuevas formas urbanas y conceptos de organización social que, aunque no se han conservado como poblados, dejaron algunos "crónlechs", (monumentos de tipo megalítico relacionados con ritos funerarios en los que las piedras se colocan en círculo rodeando el enterramiento), de los cuales es posible ver algunos ejemplos en las laderas meridionales de Urkulu.

Con este entramado humano, más complejo y organizado de lo que en ocasiones se ha considerado, entró en contacto el mundo romano a principios de nuestra era. Fue Roma, quien atendiendo a sus necesidades de transporte y a su habitual política de desarrollo de la redes viarias, tendió sobre las viejas rutas pirenaicas una calzada de piedra. Muy cerca de Orreaga-Roncesvalles, en el término del vecino pueblo de Espinal, se han encontrado los restos de la ciudad más septentrional de los vascones romanizados, Iturissa, y sobre el vértice de la vía romana, vigila los puertos una curiosa torre-trofeo romana que corona el "Summo Pyreneo".

La vía pirenaica se va consolidando lentamente y sus caminos son testigo del paso de legiones romanas, viajeros variados, invasiones bárbaras, huestes visigodas, tropas musulmanas camino de la derrota de Poitiers, embajadas cristianas en uno y otro sentido, y el más ilustre ejército de la Francia altomedieval: lo mejor de la caballería y el séquito más deslumbrante que cruzó los Pirineos con Carlomagno en el 778.

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